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Economía 2 de Marzo

Un viejo sueño

LOS CULPABLES DE LA DEUDA

Por Gustavo Campana

Primera parte de la historia de la deuda externa, a partir del ingreso al Fondo de la mano de la Libertadora. Nunca hubo errores. Se trata de una política de saqueo interno y externo, que genera un nivel de dependencia, solo semejante a la ocupación militar.
“Endeudar al país de ese modo, permitir que los recursos que ingresaron solo hayan posibilitado la más asombrosa fuga de divisas que nuestra historia registra y que la toma de semejante crédito haya sido resuelta entre gallos y medianoche, sin intervenciones jurídicas y técnicas previas, con total irresponsabilidad y a espaldas de este Congreso Nacional, no puede ser visto de otro modo que no sea una administración fraudulenta y una malversación de caudales públicos como nunca antes habíamos registrado”, acusó el presidente.
Enorme valor agregado de la apertura de las sesiones del Congreso. El Estado señalando la responsabilidad del neoliberalismo en el endeudamiento del pasado reciente, a través de “una querella criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra. Que los responsables rindan cuentas de sus actos y dejen de circular impunes, dando clases de economía”.
El guión se cumplió a la perfección y apenas terminó el discurso de Alberto Fernández, el Banco Central informó que “elevó a la Sindicatura General de la Nación y a la Oficina Anticorrupción, toda la documentación vinculada al último acuerdo firmado por la Argentina con el FMI, para determinar si generaron perjuicios al Estado”. El paso posterior, es llevar ese análisis a la Justicia.
El sobreendeudamiento cíclico, como gran factor de dependencia política y enorme negocio para los bancos, afecta a la Argentina desde la última dictadura; pero comenzó con el ingreso al FMI de la mano del golpe de Estado de 1955.
El eufemismo que suaviza la gula de crédito, para intentar transformarlo en un hecho positivo, copa las tapas de los medios del poder real, como “regreso al mercado de capitales”. Achique y ajuste, para juntar lo necesario para pagar intereses, al grito del establishment: “Hay que honrar nuestras deudas”.
Un país dependiente de su deuda, se compromete ante el capital concentrado a vivir encerrado en un futuro impagable y tres procesos neoliberales en 45 años, ya hipotecaron con deuda externa a tres o cuatro generaciones.

LA DEUDA CONTEMPORANEA: Cuando Perón fue derrocado en septiembre de 1955, la deuda era de 57 millones de dólares, pero nuestro ingreso al Fondo Monetario Internacional al año siguiente, generó la multiplicación de los panes. La cifra que debía Argentina, se compensaba con nuevas operaciones de exportación, un mecanismo habitual para saldar obligaciones, pero la dictadura de Aramburu accedió a la orden del FMI. La deuda flotante se convirtió en deuda financiera exigible. Frondizi recibió el gobierno, con una deuda que superaba los mil millones de dólares. Cuando cayó la experiencia desarrollista, en marzo del ’62, se estimaba en 1.800 millones y en julio de 1963, los militares le ordenaron a Guido que autorice una solicitud de crédito por 300 millones. Por lo tanto, Illia llegó a la Rosada soportando el peso de una deuda de 2.100 millones de dólares. El gobierno 1963-1966, posibilitó una baja de casi 300 millones y cuando Onganía lo derrocó, el país debía 1.700 millones.
Con Krieger Vasena en el Palacio de Hacienda, la deuda que el “onganiato” le dejó a Lanusse, ascendió a 4.000 millones. El pago por los servicios prestados que recibió el ministro de Onganía, fue un largo período como funcionario del Fondo, hasta su jubilación. El ’73, contempló la primavera “camporista” y la tercera presidencia de Perón. Ese año la deuda externa cayó a 3.559 millones de dólares. Pero el “lopezrreguismo” había acumulado hasta el 24 de marzo de 1976, cerca de 6 mil millones de dólares.
Con la última dictadura, la vieja oligarquía agropecuaria y los grandes alumnos de los centros financieros internacionales, forjados en la escuela de Chicago, llegaron al poder de la mano de José Alfredo Martínez de Hoz (por entonces, el argentino más cercano al grupo Rockefeller) y del Secretario de Estado para la Coordinación y la Programación Económica, Guillermo Walter Klein. En la Argentina reinaba la “plata dulce”…
La dictadura primero y la década de convertibilidad después, dejaron una economía basada en la acumulación rentística-financiera, deuda externa impagable, monumental fuga de divisas, hegemonía del mercado para imponer sus reglas a los asalariados, achicamiento del Estado, liberalización de la entrada de capitales externos, congelamiento de salarios y el aparato productivo destruido por las importaciones.
El poder real detrás de los uniformes, quedó expuesto con la necesidad del salvataje que ejecutó el Banco Central, a través de la estatización de la deuda externa privada. Presidente del BCRA, Domingo Cavallo y en el Departamento de Deuda Externa, Carlos Melconián.
La absorción de las deudas privadas a través del Estado, se generó con los tristemente célebres de regímenes de seguros de cambio, que salieron a la cancha en septiembre de 1982: Cerca de 17 mil millones de dólares, sobre un total de poco más de 43 mil millones, que totalizaba la deuda externa declarada en 1983.
Entraron en los botes estatales que los salvó del naufragio, Cogasco (1.348 millones de dólares), Autopistas Urbanas (951), Celulosa Argentina (836), Acindar (649), Banco Río (520), Alto Paraná (425), Banco de Italia (388), Banco de Galicia (293), Bridas (238), Alpargatas (228), CitiBank (213), Naviera Perez Companc (211), Dálmine Siderca (186), Banco Francés (184), Papel de Tucumán (176), Minetti (173), Banco Mercantil (167), Aluar (163), Banco Ganadero (157), Celulosa Puerto Piray (156), Banco Crédito Argentino (153), Banco Comercial del Norte (137), Banco de Londres (135), Banco Tornquist (134), Banco Español (134), Sade (125), Sevel (124), Banco de Quilmes (123), Interama (119), Cía. de Perforaciones Río Colorado (119), Swift Armour (115), IBM (109), Banco Sudameris (107), First National Bank Of Boston (103), Astra Evangelista (103), Mercedes Benz (92), Banco de Crédito Rural (92), Deutsche Bank (90), Industrias Metalúrgicas Pescarmona (89), Banco Roberts (89), Banco General de Negocios (87), Alianza Naviera Argentina (82), Propulsora Siderúrgica (81), Ford (80), Astilleros Alianza (80), Masuh (80), Continental Illinois National Bank (76), Banco Shaw (73), Pirelli (70), Deere (69), Cemento Noa (67), Banco Supervielle (65), Alimentaria San Luis (65), Loma Negra (62), Selva Oil Incorporated (61), Macrosa (61), Sideco Argentina (61), Chase Manhattan Bank (61), Bank Of America (59), Astra (59), Deminex Argentina (57), Industrias Pirelli (56), Esso 55 La Penice (53), Manufactures Hanover Trust (53), Petroquímica Comodoro Rivadavia (52), Fabril Financiera (52), Panedile Argentina (51), Fiat (51) y Banco Provincia de Buenos Aires (50).
El alfonsinismo congeló en el Congreso en 1984, la formación de una bicameral investigadora de la deuda, que pretendía separar el compromiso legítimo, del ilegítimo. Por entonces, la deuda era el gran problema continental.
El primer gobierno de la nueva era democrática, intentó poner paños fríos ante el Fondo con la gestión de Grinspun, pero la “patria financiera” ordenó el realineamiento internacional y juró el padre del plan austral, Juan Vital Sourrouille.
Alfonsín no pudo seguir cumpliendo con el pago de los intereses de la deuda en marzo de 1988 y en agosto de ese año, rompió en la Sociedad Rural, con los herederos de Martínez de Hoz.
El radicalismo devaluó el 6 de febrero de 1989 y grupos económicos promovieron el golpe de Estado financiero, que provocó una estampida del “verde” y un proceso hiperinflacionario que arrasó con Don Raúl. El 14 de mayo de 1989, cuando asumió Menem la deuda era de poco más de 60 mil millones de dólares.
A partir de Cavallo y la convertibilidad, Argentina vivió casi diez años de un proceso singular: profundizó en democracia, todos los lineamientos económicos que había estrenado Martínez de Hoz. Durante los ’90, la convertibilidad garantizó a los especuladores un dólar barato y se facilitó el endeudamiento externo y la fuga de divisas.
El menemismo se preocupó por resguardar los intereses de los acreedores externos a través del Plan Brady, firmado en 1992: se pagaron todos los intereses atrasados desde marzo de 1988; canjeamos los viejos bonos de la deuda, en poder de los bancos extranjeros por nuevos bonos Brady, con buena cotización por las nuevas garantías, que pasan a manos de tenedores particulares.
Los bancos se liberaron del peligro de quiebra, ante una posible cesación de pagos y con esta reconversión, murió para siempre la intención de distinguir la deuda legítima, de la ilegítima. La "capitalización de deuda externa", fue la nueva fiesta de la patria financiera: compra de activos entregando títulos de baja cotización, a los que el Estado argentino les reconoce su valor nominal entero con presencia de su valor real. Los títulos de la deuda, se convirtieron en una de las armas más poderosas para la destrucción de una franja importantísima de la economía nacional.
El modelo menemista sólo funciona con endeudamiento externo…
1992: 59.123 millones de pesos; 1993: 67.803; 1994: 74.632; 1995: 87.091; 1996: 97.105; 1997: 101.100; 1998: 104.000 y 1999: 121.877.
El gobierno de Fernando De la Rúa, lejos de cambiar el modelo que nació en 1976, lo profundizó. El anclaje de la dependencia, en tiempos de la Alianza, arrancó con el Blindaje.
Otra vez, ajuste más ajuste, más ajuste, más ajuste...
Las cifras a diciembre de 2001, hablaban de una deuda cercana a los 132.145.000 de dólares. Con la asunción de Adolfo Rodríguez Saá, Argentina declaró el default para los servicios anuales de la deuda externa.
2000: 140 mil millones de pesos; 2001: 154.951; 2002: 171.198 y 2003: 178.795.

Segundo capítulo: Del desendeudamiento kirchnerista, al subsidio estatal de la fuga de capitales del macrismo.

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